Noti Express - Rosario - Santa Fe
17 de marzo de 2005

EL CANTO DE LA SIRENA

Ligia Piro es una de esas cantantes que uno escucharía mil veces sin cansarse. De esas artista que envuelven al público y lo engatusan con su voz cargada de matices. De esas chicas a quienes una elegiría como amiga, porque garantizan buenos momentos de risas, ironías y confesiones sinceras. De seguro, es la mina de quien muchos hombres se enamorarían: es alta, espigada, fina y delicada (de hecho más de uno quedó flasheado por su paso por la ciudad.) Es diferentes sin estridencias. Oscila entre la tristeza y la alegría, entre la debilidad y la fortaleza y en todos los matices, es creíble. En todo esto pensaba durante su primera presentación en Rosario, en el Teatro La Comedia, en el marco de los festejos por el Día de la Mujer, en donde la Piro no decepcionó y si algún despistado no la tenía todavía, se volvió a su casa invadiso por esta mujer que canta jazz y bossa nova con un carisma muy particular, interpretando cada tema de una forma diferente, poniendo arriba del escenario un toque de dramatismo, otro tanto de humos y mucho de sensualidad, acompañada por el trío compuesto por Javier López Del Carril (en guitarra), Lisandro Etala (en bajo), y David Libedinsky (en batería). El público la recibió modestamente y la despidió ovacionándola. Sobre el escenario se despachó con veinte temas, comenzó con Get out my mine, Something unsual y Lover man. “Vos no sabés lo que es el amor, yo te lo voy a contar”, tradujo Ligia antes de cantar You don´t know what love is.
Asegura que su vocación nació con ella. Claro, sus padres son dos grandes: Susana Rinaldi y el bandoneonista Osvaldo Piro. “Nací para esto y siempre supe que no me iba a dedicar a otra cosa que no sea lo artístico”, asegura esta vocalista que le entrega el alma al jazz, pero también incursionó en el teatro, la televisión y el cine.

-¿Esta pasión vino acompañada de exigencias?

-Exigencias no, pero siempre miré a mis padres con admiración, sobre todo por la responsabilidad, seriedad y profesionalismo que le impusieron a sus carreras, porque uno trabaja con el cuerpo y con los sentimientos. Yo me formé, fui al Conservatorio Nacional de Música donde estudié canto lírico y a la escuela de teatro, simultáneamente.

-¿Pesa ser la hija de?

-Creo que hubiese pesado si me hubiera dedicado al tango, pero me decidí por el jazz, relacionado con otra cultura y al que yo le aporto mis raíces y el público lo acepta.

-¿Cuándo elegiste dedicarte al jazz?

-De chica me gustaba escuchar música en inglés. Cuando tenía doce años descubrí un disco de mi mamá Divas del jazz, donde cantaban Billie Hollyday, Sara Vaughan y Ella Fitzgerald. Cuando hice mi primer show en el pub, tenía dieciocho años. Quería cantar jazz y bossa, pero no me animaba, entonces preparé un repertorio que además tenía boleros, folclore y tango. En ese show dije basta y decidí arriesgarme. La respuesta del público fue positiva, es que este país se está preparando culturalmente para aceptar múltiples géneros.

-¿Es difícil para una mujer cantar jazz?

-Para nada, lo que faltan son hombres, me encantaría escuchar hombres cantando jazz. Yo no pertenezco al ambiente jazzero solamente: mi tía hace folclore, mi madre tango, mi padre tango musical. En los festivales en general tienden a convocar sólo a bandas que hacen jazz instrumental. Me han invitado, pero no es tan común.

-¿Fue necesaria la aprobación de tus padres?

-Es necesaria la aprobación de los padres en todo, y más en la carrera que uno elige, esto entra en las generalidades de la ley. Yo tuve esa aprobación desde el comienzo, y cuando tuve dudas me dieron confianza. La mirada de ellos es de orgullo, de emoción, de mucha satisfacción, para nada son jueces de lo que hago.