La Gaceta
22 de julio de 2012

UNA NUEVA LIGIA PIRO HA NACIDO

Paso a paso, la cantante fue ganándose al público, que terminó aplaudiendo de pie.

Había dicho que sabía que era una jugada de riesgo. Lo confirmó después del concierto, entre bambalinas. "Pero necesitaba hacerlo; necesitaba no encasillarme en un tipo de música; quería cantar otras cosas, recuperar canciones muy importantes de mi vida, volver de a ratos a la infancia", dijo. Era, sí, una jugada de riesgo: lo es, en realidad, cada vez que se presenta; pero también cada vez que se presenta sale más que airosa (y, reconozcamos, el público tucumano no es fácil).

 El show

Como lo habíamos anunciado, Ligia cantó flores, pero no solo con su voz; sus manos cuentan la historia que sale de su garganta, y ella toda se hace canción. El recital demoró media hora en empezar (complicaciones técnicas en la sala), cosa que se toleró con bastante paciencia. Solo se oyeron algunas palmadas impacientes unos segundos antes de que se abriera el telón. Y cuando eso ocurrió, en un espacio de tonos azules esperaban Popi Spatocco al piano, Facundo Guevara a cargo de la percusión... y la sorpresa: un quinteto de cuerdas de tucumanos: Francisco González (contrabajo), Penélope Albornoz y Julián Palacio Fernández (violines), Magalí Arévalo Mattisano (viola) y Estela García (violonchelo). "Vino Popi hace unas semanas, escuchó a varios músicos de la orquesta, se entusiasmó con ellos y... aquí están", había contado Ronit Keter, la productora del espectáculo en Tucumán, antes de que todo comenzara. Pero volvamos al escenario: vestida de flores (como para no desentonar) Ligia cantó "El surco", de Chabuca Granda, y "Drume Negrita", del cubano Eliseo Grenet. Entonces se presentó y explicó el por qué de su nueva obra. Luego, otra vez Chabuca y la canción que dio nombre al disco, "Las flores buenas", donde debutó el quinteto. Siguieron homenajes varios: a las mujeres escritoras, representadas en Idea Villarino ("La canción y el poema", con música de Alfredo Zitarrosa); a su maestra de música, la mendocina Carmen Guzmán, con el vals "Para el regreso"; a su niñez, con "El Monigote" (tradicional venezolana) y "O Pato", de Joao Gilberto; y a su historia: "Summertime", de George Gershwin.

Otros rincones del jardín

Pero entre tanto había a sacudido estructuras con "Barro tal vez", había desgarrado corazones cantando "Zamba para olvidarte" (casi acurrucada junto al piano) o "Llorona". Había puesto al público a hacer palmas, ya de satisfacción, con la chacarera "Salamanqueando pa'mí" (que sirvió como una suerte de intervalo y para presentar a los músicos) o con "Esa musiquita".

 No faltaba mucho para el final, pero la prueba estaba superada: Ligia tenía al público en el bolsillo. La gente, que casi había colmado el Alberdi pero había empezado a escucharla con cautela, captó el nuevo código. Ella intentó cerrar el recital con una versión magistral de "Construcción", de Chico Buarque. Intentó, pero no pudo. Desde un palco le pidieron tangos. "Me estropeaste la sorpresa", contestó. "Es que me gusta oír a Susana (Rinaldi, su madre)", le respondió la voz: "entonces te la traigo a ella y me voy", dijo sonriente. Y manejando con soltura la conciencia de que se es una misma aunque se sea "hija de", regaló el tango "Nada", como se lo había regalado a su padre, Osvaldo Piro, en su momento.

Y recibió, abrazada a los músicos, la ovación.