La Nacion - Espectáculos
22 de julio de 2010

"LIGIA PIRO: CONCIERTOS DELICIOSOS E INTIMISTAS

Ligia Piro Con Diego Schissi en piano, Pablo Motta en contrabajo y Javier Martínez en batería. Los jueves, a las 21.30, en Clásica y Moderna, Córdoba 892. Nuestra opinión: muy bueno.

¿Cuántos partos se pueden tener en forma casi simultánea? A Ligia Piro se la ve radiante con su embarazo de seis meses, pero también con "hijos" artísticos que se multiplicarán en estas semanas: acaba de editar un disco a dúo con el trompetista Juan Cruz de Urquiza, proyecta lanzar en agosto un álbum con los conciertos que brindó con su mamá, Susana Rinaldi, en el teatro Maipo, y está realizando este ciclo todos los jueves de julio.

En todos los casos, datos que confirman que esta prolífica cantante (una de las mejores de su generación) es muchísimo más que una intérprete de standards. Y que su estado de gravidez seguramente influye en un show de diseño tan lejano de la ingravidez artística: el juego de palabras no puede disimular que Piro está haciendo unos conciertos deliciosos, intimistas, al frente de un trío con el que se entiende de maravillas.

El comienzo, con una "Can´t Buy Me Love" en la que Los Beatles tienen relaciones carnales con el swing, pareció una declaración de principios. Y con un standard como "Angel Eyes", la tradición saltó por los aires no sólo por la sugerente voz de Piro, sino, además, por el inflamable solo del pianista Diego Schissi, quizá la clave menos explícita de estas presentaciones, pero decisiva por su lirismo, su creatividad. Desde allí hubo espacio para la bossa nova, con una conmovedora versión de "Eu sei que vou te amar" y una efervescente "O pato". Y Schissi y sus compañeros Pablo Motta y Javier Martínez aportaron imaginación para sacar lo mejor de una zamba inmejorable como "Juan Panadero", del Cuchi Leguizamón.

Profundizó el clima emotivo una bellísima interpretación de "Barro tal vez", de Luis Alberto Spinetta, a ritmo jazzeado, y dos impecables versiones de "Summertime" y "Embraceable You". Piro terminó iluminando el colmado salón con el brillo de canciones latinoamericanas que escuchaba en su infancia como el vals venezolano "El monigote", "El Negro Bembón" y "La llorona". Y el final, con "Cry Me a River", dejó al público con la sensación más parecida a la felicidad en sus oídos.

Ricardo Carpena