La Voz - Espectáculos
4 de julio de 2010

"LIGIA PIRO, UNA VOZ DISTINTA"

Es una de las cantantes argentinas más talentosas. Hija de Osvaldo Piro y Susana Rinaldi, creció rodeada de músicos de tango.

-¿En qué momento de tu vida elegiste ser artista?

-Siempre me sentí artista, pero empecé a pensar en eso más organizadamente cuando terminé el período escolar, en esas épocas en las que se hace urgente tomar un rumbo claro para sentirse seguro en la vida.

-¿De qué manera se materializó la decisión?

-Me metí en la escuela de teatro Agustín Alezzo y al mismo tiempo en el Conservatorio Nacional de Música. En ese momento, elegí no estudiar y no formarme en otra cosa que no fuese el arte y lo que tuviese que ver con mis pasiones: la música y el teatro. No quería dejar nada de lado, tenía que encontrarme a mí misma.

-¿Encontraste ahí lo que esperabas encontrar?

-Quería formarme, conectarme con gente que estuviera en lo mismo. Después aparecieron los primeros trabajos, los grupos de teatro. También estuvieron los maestros que me contagiaron la pasión y mis propios padres, por supuesto, que siempre tenían una anécdota a mano para contarme. En esa etapa es natural sentir miedo de que pase el tiempo en vano, de tener que arrepentirse, pero esas cosas me dieron la seguridad necesaria.

-¿Por qué elegiste el jazz?

-Sentí que era lo más cercano a esa poesía tanguera que me rodeaba y me permitía no repetir esquemas en mi casa. Hoy me siento una cantante abierta a todo, pero entonces veía como que la familiaridad con el tango se podía imponer.

-Fue un gesto de rebeldía…

-En mi infancia, el jazz me ayudó a transportarme a otra galaxia. Me encerraba en mi pieza con el Winco que me había regalado mi abuela y me hacía una fiesta. Ponía un disco de Billie Holiday y enseguida el de La novicia rebelde . !Mirá que mezcla! Esa actitud se fue depurando y cada vez la selección fue más severa, mi mamá tenía una discografía muy importante de jazz y de música brasileña.

-¿Qué era lo primero que te impresionaba de una música?

-La melodía. Después, cuando empecé a estudiar inglés en el colegio, me iba dando cuenta lo que esas letras decían y ahí ya fue definitivo.

-¿No te tentaba comparar las letras del jazz con las del tango?

-Sí claro, pero al tango recién lo entendés cuando ya viviste bastante. Te acercás a los treinta y de pronto escuchás un tango y te hace llorar… Yo lo tenía en mi casa y tardé en darme cuenta.

-¿Te gustó ser hija de artistas?

-Hoy diría que sí, pero en algún momento detesté esa condición.

-¿En qué momento?

-En la adolescencia, cuando todo te molesta.

-¿Qué te molestaba particularmente?

-Desde que me digan "ordenate la ropa" hasta que viniera uno a decirme "¿Así que tu mamá está en Europa?" o "¿Ay… a tu papá le dieron un premio…?". No quería ni escuchar hablar de eso, no me interesaba. Más tarde comprendí muchas cosas y comencé a agradecer.

-¿Por ejemplo?

-Haber tenido la primera escuela dentro de mi casa y que mi madre se pusiera dura para no permitirme trabajar en nada hasta no terminar el colegio; ni un casting , ni un programita en televisión, ni nada. El estudio y la preparación fueron la primera medida, con gran respeto por la profesión que se venía.

-Estás esperando tu segundo hijo…

-Sí, estoy en el tercer trimestre.

-¿Seguís trabajando durante el embarazo?

- Cuando esperaba a Román, mi primer hijo, viajé mucho y seguí normalmente mi actividad. Ahora prefiero hacer al revés. Me quedo en casa, aprovechando para terminar de mezclar las grabaciones del show que hice en el Maipo. Era un show en el que se hablaba mucho, estaba invitada mi mamá, así que imaginate. De ahí seguro saldrá un disco doble.

-¿Qué dice Román sobre la llegada de un hermanito?

-Al principio sospechaba un poco, tenía los berrinches lógicos de estas situaciones, que para mí como madre fueron nuevos. Ahora ya habla del hermanito y me pide que le diga cosas de su parte. Cosas como "decile que yo tengo una batería y no se la voy a prestar".

-¿Te gustaría que tus hijos fuesen músicos profesionales?

-Me encantaría que fuesen felices. Seguramente, estimularemos las inclinaciones que demuestren. Román ya muestra aptitudes notables para la música; no digo que sea un prodigio, pero se ve que tiene gustos bien definidos. Pero por ahí nos sorprende y un día decide dedicarse a otra cosa que tenga que ver con la ciencia, por qué no. Nunca se sabe. De todas maneras, estimularemos lo que esté en él, sin reprimir nada.

-¿Sentís que es parecido a vos cuando tenías esa edad?

-Algo así, pero en mi caso se dio mucho más tarde, a los nueve años. Quería escuchar Billie Holiday y mis amigas no sabían de qué estaba hablando.