Clarín - Buenos Aires
19 de marzo de 2010

"EN LA ESCUELA ME SENTÍA UN PATITO FEO".

Hija de la Tana Rinaldi y Osvaldo Piro, dice que la veían como a "una nena rara... Me gustaba Gershwin". Pintura de una voz superior.

Hace poco, cuando empezó a diseñar el repertorio del show del Maipo, buscó, por caso, entre los temas de Joao Gilberto. "Y dije 'no lo puedo creer, éste lo conozco en castellano'. Era O pato, una canción que pertenece a mi infancia. Me remití a un long play que escuchaba siempre y la encontré: era un disco de Walter Yonsky (El garabato), de música latinoamericana infantil, que él le había regalado a mi mamá. Me fijé y decía que la traducción era de Fulano, pero el tema era de Gilberto. Y tuve muchas ganas de volver a cantarlo", comparte Ligia Piro, la que ahora, 30 años después, vuelve a poner su exquisita voz sobre las estrofas de O pato, con una frase en castellano, otra en inglés. Un modo de reencontrarse con aquella que fue... en caso de que alguna vez haya dejado de serlo.

"Me reconozco en muchas cosas. En las manualidades, por ejemplo. Cuando era chica pedía que me compraran crealina, hacía cajitas, casitas, las pintaba, me divertía como loca. Lo que pasa es que tenía mucho tiempo libre. Ahora no. La otra vez tuve un ratito y pinté esos chanchitos que están allá. Pero, fijate ahí en el balcón. ¿Ves esa mesa de madera? La tengo desde los 24 años, siempre por pintar. La semana pasada la saqué de ese baúl que era de mi abuela, la armé y me decidí a usarla porque se me rompió una mesa que tenía de mármol. Compré la pintura, ahí la tenés, tengo unos papelitos listos para aplicar con 'decoupage' (una técnica de decoración), pero lo que me falta es tiempo. A mí me gusta mucho el ocio, pero tengo muy poco", dice la dueña de casa, un departamento de Belgrano que se abre ante cada 'ése, allá, ahí, éste, ésa'. Como hace ella desde el escenario, diluyendo misterios y acortando distancias.

Figura que pisa fuerte desde el jazz y sus arrabales, no se hizo ver desde la portación de apellido. Se dejó escuchar nomás. Hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, nació en el '71, creció con música de fondo y jugó a ser una estrella, pero sin público. "En una época vivíamos en una especie de petit hotel de Las Heras y Ugarteche. Mi cuarto estaba en la planta alta, sobre el de mi hermano, pero no tenía puerta: subías la escalera y ya estabas adentro. Entonces, cuando él no estaba, cerraba su puerta, la del baño, que daba a su habitación y al living, subía, me sentaba sobre la barra que balconeaba y que me servía de banqueta, me ponía enfrente un toilette con un espejo enorme y usaba como micrófono el mortero de madera de mi abuela Angela (la compinche de sus buenos viejos tiempos). Y me armaba unos shows privados que ni te digo", recuerda con gracia la chica que de chica tenía como clásico The Man I Love, de George Gershwin. De grande, también.

"Otros temas que me gustaban mucho eran los de Barbra Streisand, Liza Minnelli y Judy Garland. Me encantaban las baladas: y cantaba y ponía caras", reconoce quien, de alguna manera, siguió los pasos de su madre en eso de combinar la música con la actuación: "Ella tuvo un período inicial como actriz mucho más largo que el mío", que comenzó en las clases de Agustín Alezzo. Al poco tiempo debutó en la obra El viaje de Pedro el afortunado, de August Strindberg, buceó en el teatro under, cantó en Gotán, actuó en las telenovelas Quereme y Hombre de mar y "el último trabajo fue hace cinco años, en Vino de ciruela. Me fascina la actuación, pero hace un tiempo que me volqué más claramente hacia la música, donde ahora siento como que se empieza a de- senroscar la tapita. Empecé muy abocada al jazz y de pronto tuve la necesidad de cantar otros géneros".

Madre de Román -hijo y nieto 'e tigre, su batería domina el living-, lleva cuatro discos editados, tiene dos en carpeta y un séptimo en la mira, "con temas latinoamericanos", que saldrá por el sello que creó junto a su marido, titulado 'El gato pop', tan Pop como le puso al gato que anda por ahí.

La música que la acompañó de chica era uno de sus rasgos distintivos en la infancia, cuando "mis compañeras me veían como una nena rara... Me gustaba Gershwin a los 9 años, imaginate. Encima era enorme, le llevaba una cabeza y media al resto y me llamaba Ligia, cuando las otras eran Valeria, Verónica, qué sé yo. En la escuela me sentía un patito feo. Y no es que hoy me haya convertido en cisne, pero cambió mucho mi vida".

El 8 de abril cantará en Tucumán, el 9 en Salta, luego irá a Chaco y Corrientes. Pero antes seguirá con su espectáculo del Maipo -los martes de este mes-, titulado Según pasan los años, una frase que, aplicada a su propia vida, se resignifica. La resignifica ella cuando puede volver la vista atrás y escucharse, en varios sentidos, sin desentonar

Por: Silvina Lamazares