Clarín- Buenos Aires
7 de diciembre de 2009

"SUEÑO CUMPLIDO: LIGIA PIRO".

Arte y familia La hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro pensaba que ser cantante, esposa y madre era imposible. Pero...

La verdad es que no tuve tiempo todavía como para decir bueno, ya hice lo que más deseaba, ahora me puedo morir tranquila. Ni siquiera canté con Luis Miguel, y Pavarotti ya se murió." Ligia Piro se ríe con ganas. Y ya planteados los atenuantes, se mete de lleno en la historia, que es ni más ni menos que la suya.

"Yo sentía que ser artista era lo que le estaba pasando a mi mamá: viajar, estar muy poco, ganar premios, salir a la calle y que te saluden. Y yo quería ser eso." La cantante describe sus sensaciones, y resume consecuencias. De las buenas, y de las no más felices. "El laburo y la separación de mis padres (Susana Rinaldi y Osvaldo Piro) me debe haber afectado. Yo empecé a ir a la psicóloga desde muy pequeña", cuenta... Silencio. "Y sigo yendo", enlaza y la carcajada se vuelve a adueñar del living de su departamento de Belgrano. Habla y habla Ligia, y cuenta que en algún momento hasta dejó de hablar. "Fue una etapa que no me gustaría que viva mi hijo", dice, y calla por unos segundos.

"Ya adolescente, hubo un tiempo en el que me metí para adentro. Y en ese panorama, preguntarme cómo haría para encarar la profesión que quería para mí, que exigía una gran exposición, no hacía más que agrandar mis dudas", plantea. Pero enseguida habla de situaciones. "No de oportunidades", aclara. Y cuenta que a medida que trascurría su vida, todo se acomodaba a favor de uno de sus deseos primarios.

O, mejor dicho, de uno de los dos más importantes. "Es que también desde muy chiquita jugaba a ser mamá. Eso de andar con las muñecas, con el cochecito", cuenta, y agrega que lo hacía resignada a que fuera una combinación sólo posible en los sueños. "Eran dos cosas muy importantes para mí, que yo tenía que cumplir en mi vida, pero veía que si ocurría una, no podía ocurrir la otra", cierra. Sin dejar de admitir que a los 14 ya deseaba saber quién era el hombre que sería su marido el día que se fuera a casar.

Una Susanita con ambiciones artísticas...

Totalmente.

Ligia pone en orden su pasado. Las ganas de hacer teatro. El rechazo a estudiar en Europa. El cruce veraniego con "una amiga de una amiga del colegio" que estudiaba teatro con Agustín Alezzo. "¿Está bueno?", cuenta que preguntó. "Buenísimo", recuerda que le respondió Natalia. Y un par de años después entraba en la escuela de Alezzo, donde pasaría cinco años, en paralelo con su paso por el Conservatorio Nacional de Música.

"De esos cruces -dice- hubo un montón." Y reflexiona: "Seguro que es uno el que se arma su propio camino, pero hay señales que te indican por dónde deberías ir". Y cuenta que alternaba las clases con algunos trabajos en el under. Eso sí, cantar, sólo en reuniones familiares. "Es que yo pensaba: si me paro en un escenario, con mis músicos, y empiezo a cantar jazz o bossa, la gente se va a ir". Así que, mejor ni intentarlo. Mientras, salían algunas propuestas actorales. "Gotán, una comedia musical, obras de teatro, algunas cosas en tele", enumera. La música, en sala de espera.

Sólo que uno de aquellos cruces que siguieron a la orden del día la puso cara a cara con Paco Poblet, el dueño de Clásica y Moderna. Ahí nomás le preguntó si se animaba a darle una fecha. Tres meses después Ligia debutaba como cantante. "Un bolero, una zamba, una bossa, algo de jazz, rock nacional. Lo mismo que ahora, pero era un desastre. Fue un poco como pedir permiso, porque no tenía idea de lo que podría pasar en ese contacto tan cercano con la gente", cuenta. Y lo que pasó es que sintió que nunca más dejaría de hacerlo.

Tres años más tarde entraba a grabar su primer disco, y seguía preguntándose por el paradero de quien sería, algún día, su esposo. Mientras, veía como su baterista de la primera hora y amigo de años David Libedinsky cambiaba de novias e intercambiaba confidencias y confesiones con ella.

El tiempo pasó, y la parte artística del sueño tomó forma de realidad irrevocable. Uno, dos, tres discos. "Giras, viajes, más trasnoches", sintetiza. Y, entonces, mira hacia la cocina y pide: "Me alcanzás una cuchara, por favor". La entrada en escena de David completa el relato. "Nos casamos hace cuatro años y medio", cuenta Ligia, y sigue: "Hace casi tres años nació Román." Y entonces, aquel sueño imposible ya no lo es más. Y por si faltara algo, Ligia cierra: Ves esa batería que está ahí. Es de mi hijo."«

TRES GENERACIONES

Ligia Piro presentará su espectáculo "Según pasan los años", el viernes 11 y el sábado 12, a las 21.30 horas, en el Teatro Maipo, con su madre como invitada.

 
Por: Eduardo Slusarczuk