La Nación
4 de abril de 2009

"SOBRE UNA PASIÓN MUY ÚTIL".

Intimidades: los articulos de librería de... Ligia Piro
La cantante acumula tesoros escolares; se pone mal si pierde un capuchón.

Por lo general, todo perfeccionista pulió sus mañas entre los cuadernos y las cartucheras del colegio primario. La cantante Ligia Piro también. Hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, considerada una de las intérpretes locales de jazz más talentosas de la actualidad, Piro repasa anécdotas de clase y horas libres cuando se aboca a su hobby favorito: inventariar lápices, lapiceras, sobres de todo tamaño y color, útiles varios, imanes para heladera, y su mayor debilidad: anotadores adhesivos en miniatura.

"Anoto todo, no me gustan las agendas electrónicas -dice-De los anotadores me seducen sus formas, colores y texturas. Me encanta verlos cerrados con celofán. Aunque vaya a abrirlos, nunca pierden su encanto."

La cantante guarda todos sus objetos en el cuarto. Pero en el momento de la nota, el lugar acababa de ser requisado por Román, su hijo de 2 años, con el consiguiente desorden generalizado. "Lo que más lamento es perder capuchones de lapiceras -suspira-. "Acá suele haber muchas y si Román las agarra se hace un banquete."

"Cuando paso por una librería me descontrolo -reconoce Ligia, como si hablara de una tienda de ropa-. Lo que más me gusta son los papeles y después, los accesorios. Conseguí muchos objetos en viajes. Y siempre digo que no voy a comprar más, pero al pasar frente a una librería siento una tentación irresistible. Una librería es una perdición."

De los viajes, Piro atesora elegantes blocs de postales comprados en museos y sitios históricos, con imágenes de fotógrafos y pintores prestigiosos, para documentar cada paseo. Después, si alguna postal está repetida, la cantante se encarga de reciclarla como souvenir. "Exploto mi lado creativo cuando armo tarjetas de cumpleaños o de Navidad -detalla-. Cuando hago un regalo, tardo como 20 minutos en armar la tarjeta. También hay un costado de pesar, que llega si la persona abre el regalo y no percibe que hay algo abrochado en la bolsa. Yo me quedo pensando: ¿L o mirará después? A mucha gente esto no le importa, pero a mí sí y eso es suficiente."

En el repertorio de souvenirs no sólo hay postales, sino también anotadores, tarjetas y marcos reciclados de otras postales. "Armo las tarjetas con stickers y dedicatorias. Me encanta escribir dedicatorias. Por ejemplo, agarro un anotador con forma de corazón, con dibujos, pero también con espacio para escribir, y después busco un sobre de color." A veces, escribe las dedicatorias en tarjetas de presentación sin imprimir, que conserva por decenas en cajas.

"Hace poco hubo una reunión con ex compañeros del secundario y una amiga armó una galería de imágenes con todas las notitas y cartitas que nos mandábamos de banco a banco, como: Qué plomo esta clase o Te invito a casa a tomar el té . Hoy todo esto no existe, porque los chicos van al colegio con teléfono celular. Los mensajes de texto son instantáneos, borrables; los chicos ya no guardan nada. Entonces, todas las notas y los ganchitos de colores, que quizás estaban para perdurar, se perdieron con la llegada de la computadora. Aquello tenía un sentido romántico."

"Como me gustaba llevar todos los útiles, mis cartucheras estaban fantásticas; tenían compartimentos para todo. Hoy siento eso mismo con las carteras -se ríe-. Aparte, como yo era la que llevaba todo, nunca faltaban los pedidos. Los varones son tremendos, porque llevan una birome y una hoja; a veces ni eso. Che, ¿me prestás una hoja? Ese pedido era clásico."

Jorge Luis Fernández