La Razón - Guia Show
6 de junio de 2008

ME LLEGÓ LA HORA DEL CAMBIO.

La prestigiosa cantante, que presentará un nuevo disco en La Trastienda dice que necesita rumbear hacia otras áreas. Le dará descanso al jazz para abocarse al folclore latinoamericano.

Almuerzo en La trastienda: Ligia Piro, su marido David Libedinsky y el diario La Razón, de colado. Milanesa con puré mediante, Ligia muestra naturalidad, pero por ahora en su más alta exponencia. En tiempos de tanto “sonreír para la cámara” resulta una virtud mostrarse despojada de cualquier tipo de maquillaje. Y Piro ratifica no tener, al menos a la vista, ningún cliché del artista.
Mañana y el próximo sábado 14, a las 21, en La Trastienda, la cantante presentará su última perla: “Trece canciones de amor”, ese CD que registró con el enorme guitarrista Ricardo Lew y que tiene destacadas versiones de “Moon River”, “So in love”, “Over the Rainbow” o “Change de World”, íconos del jazz.

Es un tema que te pondrá os pelos de punta, pero hace poco, y por enésima vez, dijiste que el jazz no es una música de elite…
Es que me embola cuando lo dicen sin pensar. Con una declaración así dejan afuera a mucha gente. Me parece un comentario discriminatorio. Las canciones que canto no son para eruditos.

Siempre las etiquetas…
Sí, a todo hay que ponerle nombre. Como estoy asociada con el jazz, a veces me da miedo cantar una zamba. Es como si estuviera invadiendo una propiedad privada. Creo que tiene que ver con la poca amplitud de mente que tenemos los argentinos.

¿Sentís que la Argentina es una sociedad cerrada?
Bastante pacata. Nos jactamos de ser libres, pero somos retrógrados. Y no pasa por una cuestión económica, sino por la cabeza. Nos quedamos atrás y la música es una muestra tajante del déficit que padecemos.

¿Vos qué haces al respecto?
Primero, yo no me siento superior ni me jacto de nada. Soy una mera cantante. Pero sí creo que soy una mina con muchas ganas de liberarse mentalmente.
Se toma una pausa. Medita y larga: “Soy directa y nada hipócrita. Y cuando sale este tema de ´etiquetar´ me saco”, admite mientras la milanesa con puré luce casi intacta. David, también músico y manager de Ligia, la mira con orgullo. Un bocado, un sorbo, y asoma el show de mañana. “Estará dividido en dos partes. La primera –explica- repararé unas ocho canciones del nuevo disco, y la segunda tendrá más swing, con dos invitados: Daniel “Pipi” Piazzolla (en batería) y Daniel Maza (en bajo).

¿Cómo definirías tu nuevo CD?
Por el tipo de canción, por el estilo y el sonido, es un disco de compañía, austero, para escuchar en medio de una ruta solitaria, o para poner en un ambiente con chimenea y traguitos.

Da la sensación de que lo habrás hecho “de taquito”…
No, no, me costó. Encima yo soy muy autoexigente y crítica en la parte vocal. “Moon Rivar” tuve varias versiones, no me conformaban, y cuando yo me empecino con algo, me pongo pesadita.

¿Cuándo sale el volumen dos?
No está en mis planes, porque tengo otras prioridades como grabar un álbum con canciones latinoamericanas. Necesito cantar en castellano, probar otros estilos, probarme yo…

¿Cómo se dispararon esas necesidades?
La sensación se despertó cuando hice una gira por el interior del país. La gente siempre me recibió bien, disfrutó mi repertorio en inglés, pero la verdad es que no lo entiende. Tampoco es que quiero dejar el jazz, sólo pretendo matizar estilos. Yo, antes que nada, soy una intérprete.

¿Hay cierta insatisfacción?
Para nada. Siento que investigar otras áreas de la música es parte del crecimiento profesional. Si no me muevo, no crezco. Y percibo que estoy atravesando un momento clave, por eso siento que debo ofrecer otra cosa y que me llegó la hora de cambiar.

¿Qué dice David al respecto?
Lo hemos hablado mucho y él me apoya. Cuando uno siente que tocó techo, debe rumbear hacia otros horizontes, a fin de evitar la parálisis creativa.

¿Es verdad que te llamó Trapero para el casting de “Leonera”?
Sí, yo estaba amamantando a Román y me encontraba en un momento hipersensible. Cuando una es madre primeriza después de los 30, aparecen mayores temores. Y me llamaron en un momento difícil. Una pena, porque soy admiradora de Trapero, un cineasta de gran lucidez.

Por Javier Firpo.