Diagonal
1 de febrero de 2008

LIGIA PIRO - ENTREVISTA

La voz de Ligia Piro fluye “como el aire en un clarinete que echa viento”. Así describe ella la sensación que le genera cantar. Con el jazz a flor de piel la talentosa cantante conquista al público.
La voz de Ligia Piro fluye “como el aire en un clarinete que echa viento”. Así describe ella la sensación que le genera cantar. Con el jazz a flor de piel la talentosa cantante conquista al público.

“De chica, me imaginaba en un escenario. No sabía con certeza haciendo qué. Quería actuar y cantar. La actuación y la música son dos lugares que nunca me fallaron, como sentimientos y vocaciones estaban ahí, sólo tenían que aflorar”, cuenta Ligia Piro.

Cuando terminó el colegio ingresó en la escuela de teatro de Agustín Alezzo, y, simultáneamente, fue al Conservatorio Nacional de Música para estudiar canto. Sus maestros fueron Roberto Britos y áfrica De Retes, quien sigue siéndolo en la actualidad. Pero además, Ligia es hija de la cantante Susana Rinaldi y del bandoneonista Osvaldo Piro.

“Todo fue muy natural, como si hubiese estado marcado. Una cosa fue llevando a la otra. En un momento la música cobró un lugar más importante en mi vida,” cuenta. “Necesitaba desplegar todo lo que estaba desarrollando artísticamente con la música, con la que yo elegía hacer”, agrega.

¿Por qué el jazz?
Porque es una música que estaba muy presente en mi casa. Mi mamá es una gran admiradora del género. En mi casa había mucho material discográfico del cual tomaba como propias algunas canciones. A los 9 años escuchaba Billie Holiday que a esa edad era un plato duro de roer. Esto era un poco preocupante en el colegio. A mí no me preocupaba tanto. Eran mis momentos privados. Me encerraba en el cuarto y escuchaba la música que quería. Me disfrazaba, bailaba frente al espejo y musicalizaba mis momentos con jazz.

Era de esperar que fuera así viniendo de una familia musical.
Sí, igual no dejaba de escuchar lo propio de mi generación, como los “Parchís”, esto me acercaba a mis amigas, sino estaba totalmente desarraigada.

¿Era habitual que cantaran en tu casa?
En reuniones familiares, al final cuando quedaba un grupo íntimo. A veces iniciaba mi abuela el plato fuerte. Cantaba divino, pero no lo hizo nunca profesionalmente. De ella heredan todos lo que sucedió con respecto a lo vocal en la familia. Por el lado paterno, mi abuelo era violinista así que la música siempre estuvo presente y muy fuerte.

¿Quiénes fueron tus maestros y referetes?
Roberto Britos del conservatorio me dio un el puntapié para comprender lo que era la técnica vocal. Africa, mi gran maestra, me ayudó a hacer el click en la cabeza para hacer lo mío, y para que me dedicara a la música “popular” porque hago música popular de otro estilo. Billy Holiday es un gran referente en su estilo, su poesía, su forma de cantar y de expresión. Ella Fitzgerald, también, son muchos.

¿Con quién te gustaría compartir el escenario?
Siempre estamos ahí con Luis Salinas. Es algo pendiente. Jodemos tanto que en algún momento lo vamos a concretar.

¿Cómo elegís los temas que cantás? ¿Los elegís o van a vos?
No me pongo a buscar temas, específicamente ni me siento con los discos a seleccionar. En general, mi repertorio se va armando con las canciones que a mí más me gustan. Me despiertan la necesidad de cantarlas, primero porque me enamoran sus melodías y después investigo un poco las letras y las poesías. He descartado canciones porque no me representaban nada. Otras veces, me pasa que estoy sentada en un bar con amigos y de pronto ponen un tema que me llama la atención. En esos momentos me abstraigo de la conversación y llamo al mozo, le pregunto qué disco está puesto e investigo sobre el cantante.

¿Cómo definirías tu proceso creativo a la hora de armar un show?
Bastante pacífico, al punto de que pongo nerviosos a los que me rodean. Piensan que no estoy haciendo nada y, no es así, porque son días en los que me mantengo excesivamente callada, pensativa. Los últimos tres días soy una topadora, parece que me fuera a comer a todos. Es mi forma y la que siempre me resulta. En la primera etapa estoy como masticando por dentro las cosas, pensando en las canciones, las puesta en escena. Pienso si esa canción la quiero cantar al lado del piano o en una banqueta al costado de la guitarra, las luces, el vestuario, los colores. Pienso mucho en los colores. Toda esa etapa creativa en primer lugar es bastante introspectiva.

Retomando el tema de los colores. En una entrevista hace unos años en La Nación decías que tu primer trabajo había sido color azul y que tu vida estaba en color amarillo. ¿Cuál es el color de tus días hoy?
El rosa.

¿Por qué?
Porque la vida color de rosa significa una gran felicidad. Nació mi hijo en febrero del año pasado y la vida se tornó color de rosa, absolutamente, o podríamos decir de todos colores.

Multicolor.
Si, justamente a mi último espectáculo le puse como nombre “Acuario de Color”. Mi hijo, Román (1 año), es de acuario y los colores tienen que ver con los sentidos, los sentimientos. Así como la vida color de rosa, mi vida es un arco iris. Este chico le trajo mucha felicidad a mi vida.

¿Cómo te sentís en tu rol de madre?
Bien, muy bien. Los primeros meses eran un caos. Te encontrás con un bebito que te demanda todo el tiempo y no tenés tiempo ni para ir al baño. He llegado a llamar a mi tía y a amigas para pedirles que vengan porque me quería dar una duchita. A partir de los 6 meses de Román, puedo decir que me volví una madre organizada.

¿Proyectás? ¿Te lo imaginás como músico?
No proyecto. Trato de que me surjan pensamientos lindos. Deseo que le pase lo mismo que a mí en cualquier área que elija. Trabajar de lo que le guste, con gente valiosa.

¿Si tu vida fuera una canción de qué género sería y quién la cantaría?
¡Qué difícil! Nunca me preguntaron eso…seguramente una balada de jazz cantada por Tony Bennett. Cualquiera que cante él me identifica mucho.

¿Cómo es tu relación con el público?
Tengo una relación maravillosa, la pasamos bien. Cuando empieza un show es como una energía que aparece en el escenario, baja a la platea y vuelve. Es una relación con feedback constante que tiene que estar. Tiene que ser un motor encendido hasta que termina la última canción y se baja el telón. Creo que la gente disfruta mucho cuando el artista está ahí dando amor que es lo que uno hace en realidad.

¿Qué sensación se adueña de vos cuando cantás? ¿Qué estados de ánimo transitás en esos momentos?
Para mí la música tiene que ser algo que va fluyendo, como un clarinete que echa viento. Seria una imagen similar a eso.

¡Qué imagen tan musical!
Creo que es eso lo que ocurre porque empieza a pasarte por el cuerpo. Ese aire que sale de ahí se mete por los poros y sale por la garganta, por la boca y ahí surgen sensaciones corporales. Podríamos decir que entro en trance en algunos momentos.

¿Y te cuesta volver cuando termina el show?
Estoy con una adrenalina muy alta. Me fumaría dos cigarrillos seguidos. Necesitaría estar tranquila cuando termina el show, pero eso no pasa porque entro al camarín y vienen seis personas detrás.

Si te dieran la oportunidad de ser otra persona por un día. ¿Quién serías?
¡Ay que divertido! (Ríe entusiasmada) Siempre pensaba eso de chica. ¡Sería hombre! ¡Aprovecharía para ver qué se siente!

¿Alguno en particular?
No, nadie en particular.

¿Qué es lo q más te intriga?
Cómo ven a las mujeres, cómo van al baño, y cosas más tontas como tener pelos y disfrutarlos (Se ríe a carcajadas). Liberarse, poder mostrar el cuerpo en cualquier lugar…Son unos capos en eso. No sé qué personaje. Elegiría a alguien histórico, seguramente de la Revolución Francesa, aunque estaban todos muy sucios en esa época y había olores nauseabundos. Si me dieran esa oportunidad, la aprovecharía con la condición de que vuelvo a mi vida y a ser mujer de vuelta.

¿Qué les dirías a los chicos que están empezando?
Les diría que desarrollen lo que les apasiona, que se muevan y no tengan miedo de golpear puertas. Que se animen a viajar con su música y a ser un poco juglares. Que está bueno, aunque estén cansados después la gente lo agradece.
Se apaga el grabador. Román reclama a Ligia. Es hora de que vuelva a su vida multicolor donde él es el rey.

Por Lucía Abdala.