La voz del interior (Córdoba)

26 de junio de 2006

LIGIA PIRO, EL JAZZ QUE VIBRA CANTADO DESDE ADENTRO.

Es casi una tradición que en el nutrido y ascendente panorama del jazz argentino –o del jazz que se produce en Argentina– lo instrumental supere largamente a lo vocal. En este contexto Baby!, el disco de la cantante Ligia Piro, editado recientemente por el sello Noborder, podría apuntarse de entrada como trabajo meritorio. Sin embargo, no necesita servirse de comparaciones, ni plantearse como heroica reivindicación de un género. El mérito más evidente –y absolutamente propio– de Baby! es que se trata, simplemente, de un muy buen disco.

Arraigada en el estilo de las divas del jazz –con las muecas minúsculas sobre la última vocal al cierre las frases de Billie Holiday o el discreto falsete latente en cada subida, que al final nunca se da, de Anita O’Day, por ejemplo– Ligia Piro logra refrescar el legado con yeites propios, sostenidos desde un voz que antes que nada suena plena de cultivada belleza y una pronunciación perfecta, que enseguida evidencia más conciencia que fonética orejeada. Esto le permite jugar sin esfuerzo –en inglés como en portugués–, con las palabras, con lo que suenan y dicen.

Salvo digresiones menores – por ejemplo en las guitarras que introducen lo que después será una notable versión de Round Midnight– la voz de Piro logra que todo suceda dentro del estilo de cada una de las canciones y en eso los arreglos de Federico Mizrahi se llevan parte del mérito. No busca la propia versión desde la descentrada recreación o el contraste con el original –o en el caso de este tipo de músicas no escritas con lo que más se acerque a una idea de original–. Pareciera que prefiere hacerlo desde adentro, desde el centro del tema, con su propio material y su tradición. Como las vacunas que se hacen del propio virus. Su voz logra el color justo para salir airosa de cada desafío, como en Put Your Head on my Shoulder, la sesentosa canción de Paul Anka o en The man I Love, el clásico de Ira y George Gershwin.

Entre lo más notable del disco está P. S. I love you, una balada intensa de Mercer y Jenkins, enriquecida por un solo impagable de Fats Fernández –dulce y viejo lobo baladista– en trompeta. Por originalidad se impone About a girl, de Kurt Cobain, en un arreglo con cuarteto de cuerdas que inevitablemente remite a la Eleanor Rigby de Los Beatles.

Músicos como David Libedisnky (batería), Jerónimo Carmona (contrabajo), Oscar Giunta (batería), Manuel Ochoa (piano) y Horacio Burgos (guitarra), entre otros, aportan lo propio para un trabajo magnífico.

Por Santiago Giordano.