La Nación - Espectáculos
28 de septiembre de 2003

LA INTÉRPRETE MÁS CÁLIDA DEL JAZZ
Ligia Piro presenta su primer disco “Elepé”

Protagoniza la obra “Vino de ciruela” en el Broadway. Es Hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro. Durante dos miércoles cantará en Notorious.

Ligia Piro es una de las voces más frescas del jazz argentino, pero también es una de las jóvenes actrices que encuentran en el teatro su otro campo expresivo.

Hija de dos artistas conocidos, la cantante Susana Rinaldi y el bandoneonista Osvaldo Piro, Ligia es una de las protagonistas de la obra “Vino de ciruela”, que hoy tiene su última función, a las 20.30, en el Broadway, Corrientes 1155.
Tras varios meses en la actividad teatral, Piro retoma las presentaciones musicales con dos shows en Notorious y un concierto en el Presidente Alvear, el 25 del mes próximo.
El encuentro con La Nación es en el Broadway. Esta mujer espigada y elegante señala que creció en la Música, de ahí que, casi como un destino ineludible, su mundo es el escenario.
Un hogar exigente
“Hice el conservatorio y la escuela de teatro simultáneamente; vengo de un hogar exigente en lo artístico, que me ayudó en la formación de mi carácter”, dice Ligia, quien una vez en la sala toma posición en el escenario de una manera completamente natural, como si su vida tuviese sobre el escenario más sentido.
Su debut como cantante de jazz ocurrió en 2000, en la trasnoche de Clásica y Moderna. En esa ocasión exhibió un repertorio ecléctico y un grupo con algunos baches.
“Mi historia está ligada al grupo que me acompaña. Hemos crecido juntos. Son cuatro años de trabajo, algún cambio en la formación y una enorme voluntad de crecer”, dice la cantante de interesante voz y una evidente sensualidad en sus movimientos, no le pesa ni marea su apellido.
En materia vocal Piro reconoce que le cuesta gustarse. “De manera continua buscamos desarrollar nuestro lenguaje, que tiene mucho que ver con la definición del estilo. Yo, por ejemplo, trabajo sobre ciertos elementos que elijo de acuerdo con mi propia búsqueda estilística, pero siempre con un ojo en el grupo, en el espíritu colectivo de la propuesta que es, finalmente, en lo que yo creo”, añade.
Estudió con cantantes de primera línea como Africa de Rettes, a quien tiene como profesora y consultora. En el teatro su deuda o, mejor aún, su agradecimiento es con Agustín Alesso.
Música y teatro moldearon el espíritu de esta artista. Su paso por el Conservatorio Nacional de Música, donde estudió lírico, le dio un background que le permite moverse con una comodidad manifiesta a la hora de actuar. Noctámbula (“Puedo ponerme a limpiar mi casa a las tres de la mañana” N. de la R: no conseguimos saber qué opinan sus vecinos de los horarios elegidos para sus labores domésticas) siente que su naturaleza es de pura bohemia. “Tengo el privilegio de hacer lo que me gusta y entonces, no me cuesta. Música y teatro, en ese orden, son mi vocación”, explica.
Maneja la ironía y tiene una mirada profunda que transmite un carácter en el que hay convicción y que le permite vincularse de igual a igual en un medio como el jazzístico, música parida por hombres, en el que la mujer no siempre encuentra el merecido reconocimiento.
Cuando habla de su carrera menciona su actividad en la televisión, en “bolos” como “Hombre de mar”, con Gabriel Corrado, entre otros.
“La televisión no me termina de conformar, prefiero el vivo, el escenario. Me genera una adrenalina que no tiene la televisión, muy fría”, señala Piro, cuya emocionalita, a flor de piel, no le provoca extenderse en palabras o en gestos.
Se descubre como una persona de carácter melancólico al recordar ciertos pasajes de su vida reciente. La templanza de carácter le ayuda a sostener los avatares afectivos, que abonan su expresividad.
Templanza fue la que necesitó para superar, recientemente, un caso de pánico escénico que la llevaba a olvidarse las letras de temas como “Night and Day”. “Fue un suplicio, porque más quería recordar las letras más difícil se me hacía recordarlas”, señala.
“El público fue confidente en esto y su comprensión tuvo efectos curativos, balsámicos que me llevaron a poder relacionarme aún mejor con los auditorios”, reconoce esta artista que tiene un talento evidente y una gracia a prueba de olvidos.

El primer trabajo discográfico de Ligia Piro pone al parecer, el acento en el tono introspectivo que domina el carácter de esta cálida cantante.
El excelente crítico de jazz Argentino Carlos Sampayo nos recuerda unas frases de Boris Vian: “Poner adjetivos es fácil, acertar es difícil”. Pues bien, con Piro uno tiene la certeza de estar frente a una cantante de estirpe, con un vuelo de deliciosa frescura. Esta vocalista encarna el empuje que tiene el jazz actual en Buenos Aires, tanto por la permanente búsqueda de un sonido propio como también de la identidad deseada.
“Elepé” es un puñado de standards tratados de manera abierta, aunque no en el sentido armónico, sino estilístico, ya que reconoce un acercamiento a ciertas influencias del rock y del pop sin quitarle por ello, sus virtudes melódicas.
Piro posee un registro amplio pese a lo cual gusta de trabajar sólo en los tonos medios-altos. Apoya su canto en su expresividad y en el modo de fraseo con el que consigue una fuerte llegada al auditorio.
Su repertorio tiene temas clásicos como “Night and Day”, “Cheek to Cheek” y “All the thing you are”, pero también versiones del rock-pop como “Message in the Bottle”, de The Police.
El género nacido en Nueva Orleáns atraviesa aquí su periodo más fértil en lo creativo que con esfuerzo y talento pavimentan la mentada ruta del jazz en Buenos Aires.

César Pradines